Fabián Severo

Fabián Severo

12 jun. 2011

LA POESÍA DE FABIÁN SEVERO


El diccionario dice que “frontera” es lo que está enfrente y luego agrega que es “el confín de un estado”.
La idea básica es la de un término: más allá de ese término está el otro y más allá del confín, comienza el espacio de lo diferente: lo que no nos pertenece, ni nos identifica ni se entiende bien. La frontera es, por eso, el espacio de la separación, del distanciamiento. Allí una patria termina, una nación se acaba y se repliega. Éste es el concepto geo-político de límite. Pero, como sabemos también, culturalmente sucede un fenómeno inverso: las lenguas se buscan a pesar de los muros y se escuchan por detrás de las paredes y acaban entrelazándose por encima de cualquier alambrado político. Es como si el lenguaje estuviera orientado por un destino diferente al de la demarcación: el deseo del otro, el acondicionamiento de lo extraño, la voluntad de traspasarse a sí mismo. Un destino mutante, un horror al encierro, una repugnancia al confinamiento. Si como dijo algún filósofo, el mundo es solo lo que puedo decir del mundo, el lenguaje sería la prueba de que el mundo no está acabado y que no termina en ninguna frontera.
La poesía de Fabián Severo se asienta en ese impulso de fundar nuevos mundos lingüísticos que se abren a otras existencias, a otros modos de ser. De ahí que la concepción de la lengua sea la matriz desde la cual se despliega todo su mundo poético: una lengua concebida como una transgresión de todas las instituciones que controlan el habla de los ciudadanos:

                         Minha lingua le saca la lengua al disionario
                         Baila um pagode ensima dos mapas
                        Y faz com a túnica y a moña uma cometa                       
                        Para voar, livre e solta pelu seu.

El diccionario es aquí el emblema de las normas, de los sentidos congelados y estabilizados. El mapa hace referencia a las políticas territoriales demarcadoras y la túnica y la moña son el símbolo de la enseñanza uruguaya (en Uruguay es obligatorio que todos los alumnos vistan un mismo uniforme: túnica blanca con moño azul). La túnica y la moña se transforman en una cometa (pipa, pandorga): un lenguaje que escapa así de su control terrenal y asciende hacia los cielos transfigurado por una alegría infantil.
Otro de los poemas insiste en este lenguaje incontrolado: es un poema de un solo verso “Artigas teim uma lingua sin dueño”. No hay institución aquí que pueda reclamar una propiedad, en el doble sentido que tiene la palabra: propiedad y corrección.
Pero esta libertad no es fácil de llevar y la escuela puede provocar una confrontación con consecuencias trágicas:

                                 Mi madre falava mui bien, yo intendía
                                Fabi andá faser los deber, yo fasía.
                                Fabi traseme meio litro de leite, yo trasía.
                                Desí para doña Cora que amaña le pago, yo disía.
                                Deya iso gurí, y yo deiyaba.

                                Mas mi maestra no intendía.
                                Mandava cartas en mi caderno
                                todo con rojo (igualsito su cara)y asinava imbaiyo.

                               Mas mi madre no intendía.
                               Le iso pra mim hijo y yo leía.

                               Mas mi madre no intendía.
                               Qué fiseste meu fío, te dise que te portaras bien
                               y yo me portava.

                               A historia se repitió por muintos mes.
                               Mi maestra iscrevía mas mi madre no intendía.
                               Mi maestra iscrevía mas mi madre no intendía.

                               Intonses serto día mi madre intendió y dice:
                               Meu fío, tu terás que deiyá la iscuela
                               Y yo deiyé.
                              

                             
                                                          
El poema se estructura aquí en la contradicción de las dos figuras femeninas: la madre, que representa la lengua materna y la maestra, que encarna el control  lingüístico negador del habla de la madre. De esta confrontación acaba siendo víctima  el hijo que debe abandonar la escuela.
El renunciar a la escuela, además de su sentido anecdótico, adquiere una connotación más profunda: el de la lealtad a la lengua madre y a la comunidad lingüística en la que se vive. La identidad fronteriza comienza, entonces, a delinearse a partir del enfrentamiento de esta fuerza negadora institucional. El portuñol será concebido, así, como una emanación natural del propio cosmos. El poema “Sinquentisete”, que puede considerarse un manifiesto y que además cierra el libro, presenta a los seres fronterizos a través de comparaciones con los fenómenos naturales. La lengua aparecerá representada ahora en el canto de un pájaro, inmediatamente inteligible por todos:
                                           
                                Nos semo da frontera
                               como u sol que nase ali trás us ucalito,
                               alumeia todo u dia ensima do rio,
                               y vay durmí la depós da casa dus Rodrigues.

                              Da fronteira como a lua,
                              qui faz a noite cuasi dia,
                              deitando luar nas maryen del Cuareim.

                             Como el viento
                             que hase bailar las bandera,
                             como a yuva,
                             que leva us ranyo deles yunto con los nuestro.

                            Todos nos semo da frontera,
                            como eses pásaro avuando de la pra qui,
                            cantando um idioma que todos intende.
                            
                           

                             

                             

El simbolismo utilizado aquí para la representación de la lengua no es ya la cometa (un acto de rebeldía mágica), sino un pájaro espontáneamente comprendido por todos, es decir, parte  del mundo natural, de una ecología en equilibrio, de una armonía de los seres con su entorno: un diminuto paraíso que se ilumina todos los días en el monte de los eucaliptos y se oscurece del lado de la casa de los Rodríguez.
La frontera, en este poema, ya no se identifica con un límite, con el lugar más distante del centro, donde se acumulan los privilegios de toda significación. La frontera es transformada en el ombligo del mundo. Ella misma se vuelve centro. Al producir este movimiento descentralizador, el yo lírico está obligado a construir un contramito. Las fronteras eran en la antigüedad greco-romana y bárbara zonas sagradas. Los marcos que la señalaban eran asiento de los dioses de la frontera. Los romanos colocaban en esos marcos coronas de flores y las regaban con sangre de los sacrificios. El que no respetase las fronteras era severamente castigado. El fronterizo, el que vive entre los límites, debe por eso ser especialmente fiel al centro, cerrar toda penetración y cuidar de las fisuras y los límites de los muros. Al transformar los confines en un centro, la poesía de Fabián, se instala en el contramito que contesta al mito mayor: la Nación sobre la que se sustenta el ídolo del  Estado con su gran boca monolingüe.
El poema “Tresi”,el poema más transgresor de todo el libro, deja claro este desafío:

                            Antes,
                            eu quiría ser uruguaio,
                            agora,
                            quiero ser daquí.

Dos tiempos y dos conciencias se oponen : el pasado, constituido por la aspiración a ser uruguayo y un presente, donde ese deseo se ha extinguido. Lo que ahora percibimos es una voluntad nueva:“ser daquí”. Un “daquí” que no es tierra ni terruño, sino una especie de sin lugar:

                             Los Se ninguéim,
                             como eu,
                             semo da frontera,
                             neim daqui nem dalí,
                             no es nosso u suelo que pisamo
                             neim a lingua que falemo.
                            

El “daquí” es pues un intersticio que solo se asienta en un puro territorio lingüístico. Y es llegando a ese nuevo territorio que se disipa la fascinación del centro, el poder de la lengua de las maestras y el prestigio del sur. El “daquí” es el tiempo de la Noite nu  Norte, título emblemático de todo el poemario. Tiempo de la oscuridad fronteriza opuesto a la luz uruguaya del sur (no puedo dejar de ver aquí una réplica, voluntaria o no, al surismo de Mario Benedetti: exaltador del centro montevideano).
La escritura de Fabián está íntimamente ligada a esa noche norteña, signo de la invisibilidad del lugar, pero también de la escucha alerta del mundo próximo, del descenso a las profundidades interiores donde consigue tocarse la poesía:

                             Na ora qui o sol sisconde es la ora qui um iscuta
                             Las estreya impurran el sol y asenden los biyo de lus
                            que brilian con los griyo que trasen boa suerte.
                            Eu fecho la portera
                            Y me adentro em mim pra matutar
                            Y pude iscrevé.

A partir de este descenso poético nocturno, desde donde se levanta el nuevo territorio fundado en las palabras libres y sueltas, surge otra necesidad mítica esencial: mantener la memoria, la historia y el destino del “daqui”: “Vou iscrevé las lembransa para não isqecé”. Este es el primer poema que abre todo el libro.
Y aquí viene uno de los grandes valores de esta poesía: esos recuerdos, esas historias, no son hazañas gloriosas, son apenas el relato de las pequeñas miserias cotidianas de la vida de gente desposeída, abandonada y olvidada por toda gran historia. Retratos que Fabián ilumina con un resplandor de inocencia e ingenuidad, que acentúa esa cosmovisión de los que no tienen nada: tan solo la pequeña memoria de su pobreza y de sus minúsculas felicidades. No hay, sin embargo, ninguna intención de denuncia social explícita, de conciencia política deliberada, evitando así las estrategias tradicionales de la poesía militante uruguaya. Se ha optado por un absoluto minimalismo expresivo, un pobrismo estético que recuerda al Lazarillo de Tormes o a los zuecos de Van Gogh, donde una inédita iridiscencia surge de objetos anodinos o de acciones intrascendentes.
Fabián también evitó el otro gran riesgo que presenta toda poesía fronteriza: la exaltación  regionalista o el bucolismo tradicionalista  que domina a su antecesor, el riverense Agustín Bisio. La frontera de Fabián no está idealizada ni edulcorada, es simplemente un destino duro que una comunidad ha aceptado transitar y al que permanece fiel:

                          Viemos da frontera,
                          vamo pra frontera,
                          como us avó y nosos filio,
                          cumendo el pan que u diabo amasó,
                          sofrendo neste fin de mundo.

                           Nos semo da frontera,
                           Mas que cualqué río,
                           Mas que cualqué puente.
                           

                                                                                             Profesor Uruguay Cortazzo
                                                                                                    UFPel
Universidad Federal de Pelotas

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