Fabián Severo

Fabián Severo

22 feb. 2011

Un lugar en donde el agua no toca la tierra - Javier Etchemendi


          Este libro es un atrevimiento y por eso no lo perdono. No está escrito ni en español de España al que tanto imitamos ni en portugués de Brasil al que ya quisiéramos poder imitar. Es un libro concebido en portuñol. Me rechina, me molesta y aún así, es un texto que me fascina.
Me encuentro sentado cómodamente en Montevideo y alguien  me dice que existe literatura y,  peor aún, poesía en portuñol. Displicentemente leí este texto. Extrañamente amé este texto.
          No conozco la frontera y este libro habla de ella, está construido por ella. Ahora tampoco la conozco pero me duele. Y es un dolor desconocido, imperdonable. Yo estaba cómodamente aquí y ahora...el fuego, la luz, las radios a pila, la lengua de los bichos y el peligro de lo que no se puede definir...un espanto.
          La frontera es una circunstancia física y psicológica, es el misterio de una luz, de un idioma; la frontera tiene su olor propio y sus colores, la frontera es peligro.
Severo, escribió un libro de poesía, no un conjunto de poemas. Y la diferencia entre una cosa y otra es notable. Existe una rara urdimbre en este libro que ha sido cosido con hilos de amor, de rabia y de melancolía. Voy iscrevé las lembransa pra no isquesé[1], dice el poeta en el primer verso del primer poema y de aquí para adelante nos da el tono y el pulso en el que se va a exhibir este film. Un cine preso de las llamas de un fuego que nace de la tierra como una fundación. Una tierra-doncella intocada por el agua.
El autor se ocupa de definir, de nominar las cosas como si estas tuviesen nombre por primera vez. Y construye así  una misteriosa paradoja que abreva en la imperiosa necesidad de retener aquello que está destinado a escurrirse. Artigas e uma estasión abandonada, / uma esperansa ditrás de um trein que no regresa, / uma ruta que se perde rumbo ao sur.[2] El tren no regresa y allí ha quedado la estación para testimoniarlo. El autor y su postura política, el texto y su ideología.  La estación habla del tren y de la gente. Y también de aquellos que se han ido para no regresar y de los que han llegado hasta el sur, a la capital, y han vuelto enfermos de ruido y de sinsentido.  
Algunos libros de poesía comienzan por donde no deben, o bien, podrían haber comenzado en otro lado, no es este el caso. El primer poema es la puerta de entrada a un lugar de ensueño, a un peligro latente. Lugar de indefinición, de no pertenencia, en suma, es la entrada a un mundo mitológico. El poeta nos dice... Los Se ninguéim, / como eu, / semo da frontera, / neim daquí neim dalí, / no es noso u suelo que pisamo / neim a lingua que falemo.[3]
El idioma (dialecto, podrán decir algunos más patrióticos que yo) transforma este libro en una rara avis dentro de nuestro panorama literario, más acostumbrado a las experiencias circenses que a los destellos de buena poesía. Ni de Uruguay ni de Brasil, ni en español ni en portugués. El portuñol es la lengua de las gónadas y del contrabando, del frío que cuaja el calor extremo que desciende sobre las personas y las cosas. Esto me ha sido mostrado. Yo no sé nada. Escribo a regañadientes, para entender. Yo estaba tranquilo. Y ahora esto. Artigas no tiene presidente, dice el autor, definiendo así,  casi por antonomasia su propia circunstancia, que es decir que no tiene gobierno, que no se siente representado, que no pertenece a un lugar definido, pero que, sin embargo,  existe en esa especie de limbo que es la frontera. El limbo, como ya lo dijo el florentino, es un cielo sin Dios.
El tiempo del poemario es moroso y amoroso, también es urgente. Tiene la urgencia de la vida que pasa y la morosidad del calor, de la intensa luz que detiene las cosas al borde de la ceguera. Y lleva el amor, difícil, encendido en los ojos, en el son de las chicharras, en la miseria de las paredes sin revocar, en el rumor del río Cuareim donde los peces  -dice el poeta-  son libres. Una línea diacrónica nos lleva del pasado al presente del departamento de Artigas. Las personas que aparecen ora son niños, ora adultos y luego viejos, como Mary... que  morreu pra nos deyar la vereda.[4]
El concepto de frontera, la circunstancia de existir en un espacio entre dos nadas, es mencionado y reforzado de distintas maneras, ya sea explícitamente o de esta otra, que preferimos, la manera artística, lúcida... Archigas fala y baila com aqueles / mas trabaja y come con estos / Artigas teim uma lingua sem dueño / parede sin revocar / yanelas con masetas rompidas / casas por la metade.[5]

Luego de leer este libro de poesía, no puedo dejar de recordar a Elis Regina -gaúcha ella-  cuando canta...os bóias-frias / quando tomam umas biritas/ espantando a  tristeza...[6]  Así de emocionante, de impactante. No espere el lector arquitecturas idiomáticas a lo Guimaráes Rosa, pero tampoco condescienda, como no lo he hecho yo. Desconfíe. Busque. Abra el corazón. Y quizás así, logre oír el pensamiento de una niña que sueña bajo las lamparitas con el silbato del último tren.

Noite nu Norte, de Fabián Severo, un libro incómodo que no se olvida, como una buena película o una estruendosa cachetada.

Javier Etchemendi
Poeta


[1] n.a. Voy a escribir los recuerdos para no olvidarlos.
[2] n.a . Artigas es una estación abandonada / un esperanza detrás de un tren que no regresa / una ruta que se pierde rumbo al sur.
[3] n.a. Los sin nadie, como yo, somos de la frontera / ni de aquí ni de allá / no es nuestro el suelo que pisamos / ni la lengua que hablamos.
[4] n.a. Que murió para dejarnos la vereda.
[5] n.a.. Artigas habla y baila con aquellos /  pero trabaja y come con estos. Artigas tiene una lengua sin dueño / paredes sin revocar / ventanas con macetas rotas /casas por la mitad.
[6] n.a. Elis Regina (1945 – 1982) “O RANCHO DA GOIABADA”. JOÃO BOSCO – ALDIR BLANC. O Melhor de Elis Regina “FascinaÇao, # 20.

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