Fabián Severo

Fabián Severo

22 feb. 2011

Transliteraciones fronterizas




Fabián Severo me presenta un libro de poesía que me pone ante la variedad de portugués hablado en Artigas, que él, con su derecho a llamar a su habla materna como se le antoje, llama “portuñol”. Es una variedad del portugués uruguayo característica de la ciudad de Artigas y aledaños, distinta en sus aspectos lingüísticos a las hablas de otros lugares fronterizos, sobre todo las hablas riverenses y del norte de Cerro Largo. Aparte las decisiones consuetudinarias que se fueron adoptando desde el siglo XVII, el portugués artiguense ha tenido una forma muy característica y propia de resolver las incorporaciones fonéticas, léxicas y morfosintácticas del español, con el cual le ha tocado convivir desde fines del siglo XIX. Aunque los lingüistas las conocemos y las reconocemos en su particularidad, distan mucho de estar “estandarizadas”, es decir, de tener la estabilidad y la “codificación” suficientes como para establecer sus límites y sus recursos. Sin embargo, todo esto y más lo saben, sin saber que lo saben, sus hablantes. Severo es uno de ellos, ya que esas variedades lingüísticas son el correlato exterior inmediato de su “lengua materna”, aquella en la cual se constituyó como ser de lenguaje.
Es un libro de poesía y no una colección de poemas, como ya señaló Etchemendi[1]. Este hecho implica una cosmovisión poética en la cual se hacen presentes su “artiguensidad” y su “portuñolidad” en forma central y descarnada. En sus páginas vibra esa habla deliciosa y verdadera, patrimonio de sus hablantes, los artiguenses, singularizada por su hablante, Fabián Severo. En cierto sentido, el libro constituye una “Poética Fronteriza” o más bien una “Poética Artiguense”.
Siempre recuerdo que Américo Castro, español maligno como pocos, prologó un libro de poesía de Sarah Bollo diciendo que la única justificación para escribir un prólogo es que se lo pidan a uno. Su justificación, seguramente motivada por el compromiso de escribir un prólogo para un libro que no le interesaba o que le pesaba prologar, no es en absoluto la mía. Escribo este prólogo con deseo y entusiasmo, porque me interesa mucho el libro, su poesía, y sobre todo su intento de escritura.
Aunque me gustaría hacerlo, sin ser la persona más indicada para ello, me excuso de señalar los valores literarios de Noite nu Norte, y de hacer su comentario literario. En cambio, incluiré aquí algunas reflexiones sobre ese “intento de escritura” de una variedad ágrafa del portugués con mayor o menor influencia del español, que las personas de Artigas utilizan cotidianamente y de la cual Severo está exiliado porque vive en Montevideo y enseña en Español.
Me parece importante señalar enfáticamente ese hecho: Severo quiere escribir su lengua materna, su “portuñol”, porque la extraña, porque la necesita para vivir y para ser él mismo. Todos estamos avisados de que ese “portuñol” es considerado por muchos, tal vez los mismos que quisieran hablar como un miembro de la Real Academia, como una devastación del español y del portugués, una lengua fea, de gentes feas y de escaso interés intelectual y cultural. Para otros es una lengua “apátrida”, ya que va en contra de la opción de lengua común (el español) que el Uruguay fue estableciendo desde 1830; de esta última posición se nutrió al extremo la política lingüística de esos señores degradados que nos gobernaron en la década de los setenta. Allá ellos, yo siempre he considerado que es de una hermosura natural imponderable, como la de toda variedad lingüística escasamente legislada y maniatada por las gramáticas y los diccionarios, y que la gente que la habla debe sentirse orgullosa de tenerla como su madre. Así lo dice Severo[2]: “A veces parece que lo que le otorga la categoría de idioma a un dialecto es la escritura. En el portuñol no existe una gramática, un diccionario, hay que innovar, improvisar”. En esa innovación improvisada está la clave de su escritura, como un acto de amor a su lengua materna, para hacer de ella un registro emocional vibrante, poético, que pueda ser sentida al perder su evanescencia oral en una escritura.
La modalidad de esa escritura puede ser la de tres procedimientos independientes: la transcripción, la traducción o la transliteración. Esto no es original ni del esfuerzo de Severo ni de las otras escrituras ya intentadas por los poetas y escritores fronterizos, es lo que sucede cuando se intenta pasar de la oralidad a la escritura en cualquier lengua, dialecto o variedad lingüística. En todo caso, tanto uno como otro de estos procedimientos implica “pasar a otra cosa”, lo que sólo es posible pasando por “la cosa de otro”[3]. Al escribir su lengua materna, al transcribirla, transliterarla o traducirla, Severo pasa a otra cosa, a otra lengua, la que se nos presenta a nosotros y a él como una realidad a considerar, pero pasa también a otro de sí mismo, a aquel que se nos presenta como el que eso habla, eso dice, eso ama. Y como sabemos, o deberíamos saber, ese pasaje es ineludible para el sujeto humano, toda vez que este vive de y por la palabra, en su automatismo inconsciente que se espeja en su alteridad.
Severo no traduce, ni transcribe, translitera. Traducir es adjuntar el sentido en una lengua al sentido en otra, como lo han hecho por ejemplo Bisio y Simões, por lo cual el portugués de Rivera pudo ser dicho en español[4]. Transcribir es lo que hacen los lingüistas, como yo mismo y otros lo hemos hecho en varios momentos con estas hablas fronterizas[5], o sea buscar las letras más adecuadas para que el que lee identifique el sonido que ésta representa. Transliterar es de otro orden, ciertamente paradojal: se apoya en la letra o en el texto para hacer del habla un otro totalmente otro, pero que sin embargo no puede dejar de responder al mismo que lo origina. Tarea difícil que el verdadero hablante acaba haciendo con su lengua materna sin notarlo, a pesar de la enorme dificultad, y que para el que intenta transliterar una lengua extranjera aunque conocida es una tarea agobiante y angustiante[6]. Es esto último lo que a mi criterio nos entrega Severo aquí, como un disfrutable resultado.
La impronta que Severo nos trasmite en UNO, en un verso que evoca la mejor poesía conceptualista del siglo XX (Pound, Eliot, etc.), se sitúa en el orden de la memoria y el tiempo:

Vo iscrevé las lembransa pra no isquesé.

Esta escritura de los recuerdos va en el sentido profundo de la transliteración, en la medida en que la memoria exige ese movimiento en el que “las lembransa” deben ser escritas para “no isquesé”, alterizarse para permanecer. Es así que a lo largo de todos los textos que siguen se expresa un claro sentimiento de extrañamiento, en el cual Severo como hablante se esfuerza por saber en otro orden lo que inconscientemente sabe, en el cual la lengua materna, lejos de ser la más sabida y la más consciente implica un enigma y un sortilegio. Esta dimensión problemática de la escritura de la lengua materna se expresa prístina en el poema TREIS:

no es noso u suelo que pisamo
neim a lingua que falamo.

Y vuelve a expresarse en NOVE,

Artigas teim uma lingua sin dueño.

Se trata, sin lugar a dudas del extrañamiento del hablante respecto a su lengua materna, que sólo se hace evidente al poeta cuando la considera al escribirla. Como a Yeats, al escribir sus poemas céltico-irlandeses[7], o a Pasolini con sus poemas en friulano[8], como a todo poeta que escribe su lengua materna que “socialmente” no se escribe, a Severo se le presenta la lucha contra la palabra, esa que lo sostiene y a la vez lo excluye. El poema DES, es altamente significativo en el reconocimiento de esta alteridad:

Miña lingua le saca la lengua al disionario,
baila um pagode ensima dus mapa
y fas com a túnica y a moña uma cometa
pra voar, livre y solta pelu seu.

Este encantamiento con su lengua materna, que libre de todo sujetamiento (recordemos que en Uruguay túnica y moña son símbolos de “escuela” y que “escuela” en la frontera es símbolo de español impuesto) puede llegar a “voar, livre e solta pelu seu” es ilusorio, ya que si ha logrado escribirla, es porque también la ha amarrado y sujetado al Otro, que la recibe y la acomoda a su imagen y semejanza. Estos versos, que emocionan en la zona más intelectual de nuestra subjetividad de hablante (porque no sólo Severo tiene lengua materna), conllevan una manifestación fuerte de deseo de entidad, de permanencia y de integridad. En CHISOITO, la completa al caer en la incertidumbre de esa ilusión loca de hablante amo y libre, que debe recalar en el secreto, la interioridad y el recato:                            


Na ora qui u sol sisconde es la ora qui um iscuta.
Las estreya impurran el sol y asenden los biyo de lus
que brilian con los griyo que trasen boa suerte.
Eu feyo la portera 
y me adentro em mim pra matutar
y pudé iscrevé. 
Allí en ese recato intimista el poeta-hablante tiene su “lucha con el ángel”, y como Rilke en el Duino triestino[9], pasa a sufrir, más allá de lo que le toca sufrir a cualquier hijo de vecino. Aunque romántica, o neoromántica, esta posición del poeta es su superación, como hombre, como hablante, y en este caso como uruguayo que no puede decirse en español. Porque a Severo le toca un dolor profundo, que es su poesía, que sólo puede y debe escribirse en “portuñol”. Como uno de los grandes poetas jóvenes uruguayos de nuestros tiempos que es, lo constituye la esencia misma de la poesía, como acto de trabajo y pelea con y contra el lenguaje. Que la mezquina escena literaria uruguaya lo clasifique luego (siguiendo la lógica tradicional de Zum Felde, Bollo, Rama o el “Capítulo Oriental”) como un autor menor, interiorano o “excéntrico” es el derecho de piso que Severo deberá pagar a su lengua materna, como todos pagamos a nuestros ancestros lo debido por la traumática que nos constituye. A Dios lo que es de Dios, al Cesar lo que es del Cesar.
El suyo es un interesante ejercicio, con una escritura creativa, que se inspira de todos modos en la del español, para dar por resultado un híbrido lleno de alteridad y sufrimiento. Por supuesto, en sus textos hay más que eso, pero no lo menciono porque el lector lo podrá descubrir solo. Sin embargo, no creo que el dilema en el que mi interpretación puso a Severo no tenga una evidente centralidad en el acceso a la lectura de su poesía. El poeta y su lengua materna, como su enigma, como aquello que sufre detrás de la pantalla llena de muñequitos danzarines, y que es necesario escribir, alterizar, pasar por Otro, para “absolverla” como, tal vez, hizo Elías Canetti[10].

Luis E. Behares
Investigador
Universidad de la República


[1] Etchemendi, Javier.  Prólogo. Un lugar en donde el agua no toca la tierra. En este volumen.
[2] Fabián Severo: poeta en portuñol. "No soy de ningún lado, soy de la frontera". Nota publicada en: http://www.sodre.gub.uy.asp1-

[3] Allouch, Jean. Lettre pour lettre – transcrire, traduire, tranlittérer. Editions Erés, Paris. 1994., pág. 8.

[4] Ejemplos de diversas traducciones, intentos de transcripción y algunas transliteraciones son las que hemos incluido en Behares, Luis E. y Carlos E. Díaz. Os Som de Nossa Terra. Productos Artístico Verbales Fronterizos. Asociación de Universidades Grupo Montevideo-Universidad de la República, Montevideo, 1998.

[5] A quien le interese ver cómo lo hemos solucionada, no siempre a satisfacción, por cierto, puede consultar: Elizaincín, Adolfo; Behares, Luis E. y Graciela Barrios. Nos falemos brasilero. Los dialectos portugueses en Uruguay. Amesur, Montevideo, 1987; Trindade, Aldema M.; Behares, Luis E. y Miriane Fonseca. Educação e linguagem em Areas de Fronteira Brasil-Uruguai. Palotti, Santa Maria, 1995.

[6] Intentamos la transliteración del recetario oral de cocina fronterizo valiéndonos de la escritura normal del portugués en el Capítulo 1 de Behares, Luis E.; Díaz, Carlos E. y Gerardo Holzmann. Na frontera nós fizemo assim. Lengua y Cocina en el Uruguay Fronterizo. Librería de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación - Asociación de Universidades Grupo Montevideo, 2004. Esta “transliteracón fue en gran parte posible porque Carlos E. Díaz es hablante del portugués uruguayo como lengua materna.


[7] Yeats, William Butler. Autobiography. New York: Macmillan, 1938.

[8] Pasolini, Pier Paolo. La meglio gioventù, Sansoni, Florencia,  1954.
[9] Rilke, Rainer María. Las elegías del Duino, los Requiem y otros poemas. Madrid: Visor libros, 2002.
[10]  Canetti, Elías. La Lengua Absuelta. MuchnicK Editores, Barcelona, 1981.

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