Fabián Severo

Fabián Severo

23 feb. 2011

«Quiero ser daquí» Elder Silva

Extraído de:

http://www.socioespectacular.com.uy/libros.htm

A veces la vida demora las cosas como queriendo que sucedan en el momento preciso y no antes
Pasaron muchos años para que en la literatura uruguaya apareciera un nuevo libro de poesía en portuñol y eso no es raro, tal vez es un ritmo uruguayo cultivado al metrónomo del mate amargo.
Después de las producciones notables de los riverenses Olinto María Simoes (que debuta con «Canto a la ciudad de Rivera» en 1930) y del emblemàtico Agustín Bisio, que editó su «Brindis agreste» en 1947, pasaron muchas letras por las tipográficas, por los exhibidores esmirriados de las librerías uruguayas. Y así, como «a la sombra de los plátanos» (Simoes, 1950) sale a luz y a la sombra estos cincuenta y siete poemas de «Noite un Norte» del poeta artiguense Fabián Severo, profesor de Literatura nacido en Artigas en 1981.
En ese hiato que media más de medio siglo, hubo algunos roces con el portuñol, pero más bien en la novela (un intento fallido de Ibargoyen Islas) o los más recientes textos de canciones del también riverense Jonhy de Mello o de la bellaunionense Elaine Mendina, de Tarik Carson Da Silva, de Jesús Moraes. Y muy poco más, casi ninguna producción literaria para una zona de la lengua que es hablada por miles de uruguayos y brasileños en las francas fronteras de Bella Unión, Artigas, Rivera, Melo, Río Branco y Chuy.

Sorpresa y no tanta
Por eso ha sorprendido gratamente la salida del libro de Severo, que no sólo apunta a recrear el idioma que se habla en toda (toda) la frontera con Brasil, sino que ha puesto en esos poemas una visión de esa ciudad donde los barrios se recuestan al Cuareim y la avenida Lecueder arde en las noches de minifaldas y de cervezas a granel.
«No conozco la frontera y este libro habla de ella, está construido por ella», escribe Javier Echemendi, uno de los prologuistas de Severo.
El que sí conoce la frontera es Severo. ¡Y cómo la conoce! No sólo en los vericuetos del DPU (Dialecto Portugués del Uruguay), sino en la vida misma que entraña esa cercanía con la experiencia de otro país y con ese mix extraño y fabuloso que es la superficie donde habitan los hombres de la frontera y viven su peripecia humana. Y que no sólo abarca la ciudad de Artigas, sino que gira como un trompo hacia la húmeda Bella Unión, a Tomás Gomensoro, Isla Cabellos o la mismísima Sequeira donde las gurías son «mais faceras».
Severo exhibe la lengua materna y lo hace con prolijidad y esmero.

Vo iscrevè lembraça
En un mundo globalizado por la información descabellada y atolon-drante, puede sonar medio raro que un escritor se dedique a recorrer pequeñas cosas de la vida de una ciudad de Uruguay, una ciudad casi una aldea, y las coloque a la altura de los grandes acontecimientos. Que encuentre que unos niños que jugaban a la bolita y llenaban la vereda en las tardes ya no estén y las puertas de las casas permanezcan cerradas (feyadas) y casi nadie pise el asfalto.
Por eso en el poema «Uno» anuncia con claridad su propósito: «Vo iscrevè las lembransa para no isquesè» y lo resuelve con creces, pues en todo el libro a través de sus breves poemas intenta recuperar la vida de una ciudad solariega donde los valores de solidaridad, amistad y encuentro valían por sí mismas ante la vida acorralada por la pobreza.
Severo escribe un libro, no una colección de poemas. Y en ese libro va trazando semblanzas mínimas de la vida de los barrios pobres de Artigas, las penas de la gente ante la sequía o las «enyentes» del Cuareim que todo lo quitan y dejan al descubierto lo frágil de la gente.
Es curioso, pero en el «Brindis agreste» de Bisio hay dos secciones («Los rilatos» y «Estampas») que apuntan a lo mismo, a las pequeñas acciones cotidianas que convierten a los hombres en inmortales. No sé si Severo leyó ese libro, pero es bueno en última instancia que su obra se haga fuerte en el relato de esas tragedias cotidianas y mínimas.
William Carlos William, acaso Vachel Lindsay se alegrarían de saber que un joven poeta uruguayo valora la vida común para hacer poesía. «Serto día que yo istava triste / porque me tiñan quitado tudo / lo que trasìa de Brasil» escribe Severo tras un traspié cotidiano con los aduaneros, y concluye con formidable reflexión: «Porque si Deus isiste y semos todos hijo del, / como vai avè lugar donde no te deiyen entrà».
Y eso es importante, necesario.
El libro es un formidable encuentro con el pasado de una ciudad donde las cosas ya no son lo mismo, es un retrato de Artigas (ese pueblo que «ta fechado con candado») como un espacio fuera del mapa del país y es, en definitiva, un espacio donde se puede hacer buena poesía. Y es en definitiva una invitación a conocer ese lugar donde «un verano / as tardes de Archigas soum das chicharra / un inverno / de ninguèn». Y de esta desolación también trata este libro imponente, que se atreve a decir:
«Antes / eu quirìa ser uruguaio /agora, /quiero ser daquí».

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