Fabián Severo

Fabián Severo

23 feb. 2011

Atajos

Atajos
Mi abuela disfrutaba peinando la tierra,
rodillas embarradas,
un agujero manual,
semilla, agua, sol…
Como un hilito verde desperezándose
los brazos del naranjo: este – oeste,
con pelotitas verdes que crecían de color.
Cuando las naranjas estaban en edad de caer,
mi abuela ayudaba el parto con un simple giro de mano.
Sentada junto al tronco, bajo el sol,
saboreaba su cosecha.
Mi abuela era feliz.
Mi madre disfrutaba yendo a la feria,
caminando verduras,
mimando frutas,
perfumándose mano y alma.
Entonces, de una alfombra anaranjada
alzaba el trofeo,
pesaba su sabor,
palpaba su destino.
Como quien corta las uñas
iba descascarando el caracol naranja,
deshilaba las medialunas y saboreaba la dulce acidez.
Después tiraba las semillas
que morían junto a la lata de sardinas.
Mi madre era feliz.
Y yo disfruto entrando a la farmacia:
Buen día… déme una tableta de vitamina C.
También soy feliz.

Del libro "La fantástica casa de las palabras errantes" (Rumbo Editorial, 2008).

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